¿Por qué los grandes ya no juegan?,¿Ya no se divierten?, ¿Por qué no salen a correr o a brincar la cuerda?. Estas son preguntas que le hizo una niña de siete años a su mamá mientras caminaban por el parque y me pusó a pensar en que quizá la niña tiene razón, los adultos no nos divertimos más.
Cuando crecemos, adquirimos más responsabilidades y ocupaciones que nos hacen dejar de hacer las cosas que nos hacían reír o sudar hasta el cansancio por aquel juego en el que debías correr de extremo a extremo para ganarle a tus pequeños amigos en ese entonces. <”Lo que pasa es que están muy ocupados”>, contestó la madre mientras su cara la cara se le tornó confudida y hasta melancólica. Quizá yo no sea lo suficientemente grande para dejar de divertirme o probablemente para la niña yo ya no me divierto, sea cual sea la razón por lo menos yo, ¡No estoy dispuesta a dejar de reírme y divertirme sea cual sea la situación u ocupación que elija¡
Buscar trabajos en los que puedas aprender algo nuevo cada día, proponer nuevas ideas o soluciones, dedicarte cinco minutos por lo menos al día para leer un buen chiste o llamarle al amigo que sabes no errará en robarte una carcajada hasta provocarte dolor de estómago. Cuando llegas a casa puedes jugar, lo que quieras, pero juega. Los fines de semana, por qué no retomar esos partidos futboleros en familia o quitarle el polvo a los patines o bicicletas.
Las situaciones rutinarias suelen no ser divertidas pero si cada uno le inyectamos esas pequeñas o grandes dosis de buen humor y un poco de juego, seguramente, haremos de nuestro día uno mejor que el anterior.
CinCo.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario